El PASA


V.     Instantáneas de cómo Qolla, Paqalqu, ASEVIDA y Ceprosi están involucrando a las comunidades en la soberanía alimentaria.

Las visitas de monitoreo de Maruja y Timmi en mayo del 2009 en cuatro comunidades, Perka, Villurcuni, Aymaña y Querumarca confirmaron el arraigo cultural de la comida en la vida cotidiana campesina y cómo esto brinda distintas oportunidades de facilitar procesos de soberanía alimentaria en distintos niveles de movilización grupal. La cultura culinaria andina prevalece, a pesar de la fuerte influencia de instituciones gubernamentales y privadas que promocionan cocinas mejoradas, que reparten semillas para huertos escolares, que reintroducen variedades mejoradas de quinua, de papa, que fomentan las actividades agropecuarias y de la pesca comerciales, que imponen la privatización del agua y prohiben el consumo de la sal del cerro por ser un factor de bocio en la población.

Por ejemplo en la comunidad de Perka, área de trabajo de Qolla Aymara, un grupo de mayoritariamente mujeres de diferentes edades y algunos caballeros como Don Pedro, un sabio, se separaron en dos grupos y visualizaron procesos de pensamiento muy significativos. El primero, era un mapa cognitivo de las señas que hay que distinguir para asegurarse una producción de alimentos sanos que vienen de la tierra madre. El otro era  un diagrama sobre ferias de intercambio de semillas locales donde muchas mujeres llevan a sus hijos y charlan sobre la calidad de las comidas de sabores tan íntimamente familiares como el ambiente de intercambio.El ámbito de intercambio de semillas es una experiencia que las mujeres describen con gozo, alegría, lo sienten muy particularmente suyo y por eso es un espacio que ellas valoran mucho en el cual participan aunque está fuera del ámbito doméstico.
Néstor, comunero de Perka, sugirió la idea de utilizar el dibujo de las señas y mostrarlo en la escuela.

La cosmovisión que sostiene las prácticas de la alimentación sana, local, es un campo de saber transmitido de generación en generación. Pero la escuela está rompiendo esa cadena orgánica de aprendizaje que podría ser enriquecido con sesiones de visualización de saberes de mayores a jóvenes dentro del plan educativo. Así también se fortalecerían los lazos entre los que poseen ese saber. Ellos serían los que más adelante se encargarían de invitar a los científicos a intercambiar saberes de las señas, dialogar para entenderse mejor en relación a la calidad de la comida y sus valores materiales y espirituales.

En cuanto a la visualización del intercambio de semillas realizado por las mujeres revela un clásico tema que moviliza la energía de ellas pues tiene una carga simbólica muy fuerte y profunda de su íntimo ser femenino. Las ferias son momentos de expresión y acción del saber de las mujeres sobre la vida de las semillas y allí hay una riqueza de ideas aún inexploradas. Sobre todo en las argumentaciones de defensa de la vida frente a la manipulación genética, a la pérdida de autonomía sobre la calidad de lo que se come.

Esta complejidad pocas veces se ve reflejada al recogerse las voces diferenciadas de los actores de procesos y se pierde en las grises generalizaciones de la cultura tradicional donde lo femenino y lo masculino están complementados en una fusión de identidad que no se puede separar ni diferenciar.

Paqalqu reúne a un grupo de mayores de Sanquira en Yunguyo. Destaca don Rufino quien nos lleva por el recuerdo de sus travesías a la costa, a la selva para complementar la alimentación con arroz, con yuyo del mar o frutas. Las señoras preparan potajes en la cocina recordando recetas de antaño. Cada quien con sus saberes en espacios diferenciados. 

Pasando  de la reunión a una visita por la comunidad, encaramos otro aspecto del vigor de la alimentación con productos locales. Es la experiencia visual en los campos donde mujeres, hombres y niños van clasificando la diversidad de productos de la cosecha de papa (30, 50 variedades), de quinua(más de 17 entre locales e introducidas).

 El marco espiritual es la Cordillera Real que protege a Sanquira. Lidia registra, compartiendo la cámara con un comunero cuando las señoras explican qué variedades de semillas de quinua y papa han cosechado. Es una sesión de sabiduría intergeneracional pues allí están los niños que van aprendiendo los nombres de las variedades y en qué platos se van a utilizar, incluso las deliciosas papas fritas tan de moda últimamente. Estos momentos tan intensos podrían ser motivo de reflexión sobre la contaminación industrial de la comida en el campo. Dar pie a soñar con acciones sostenibles de mantener descontaminada la cultura culinaria andina, comenzando por el consumo de las gaseosas, los enlatados, las semillas híbridas, químicos peligrosos y cada uno de los presentes puede ir registrando con la cámara a veces delante, a veces detrás impulsando inolvidables pensamientos que brotan de la comunidad.

En las estancias de las alturas de Aymaña el aire es puro, el paisaje impecable. Los caminos para las llamas y alpacas que transportan la papa amarga de altura se camuflan entre los bordes de los riachuelos y las matas de ichu. Contrastan con las trochas de las compañías mineras que violentan las laderas para que transiten veloces camionetas cuatro por cuatro en busca del mineral de la zona.
La papa dulce y amarga de las chacras de altura son la base del sustento diario, teniendo llamas y alpacas es posible desplazarse a comunidades de otros pisos ecológicos por rutas de intercambio para obtener maíz y ser soberano en la alimentación. Existe una riqueza de saber en los campesinos y campesinas de Aymaña sobre la variedad de papas y razas de llamas y alpacas. Pero los intereses comerciales de los lanificios regionales están imponiendo sus reglas: curaciones en base al conocimiento de la medicina alopática y selección de las alpacas de color blanco.

Entonces el saber que tienen mujeres y hombres del campo sobre las plantas curativas para mantener la salud del paisaje y los animales se convierte en un hecho anecdótico así como la crianza de los animales de múltiples colores. Por eso ASEVIDA sigue los procesos del saber y las prácticas como pistas para animar la soberanía alimentaria y amplificar voces de mujeres hombres, jóvenes y niños en espacios sociales más complejos.
En el centro poblado de Aymaña, la feria semanal provee enlatados, gaseosas, licores y una inimaginable cantidad de bienes de la sociedad de consumo alimentario industrial. Los comerciantes locales se abastecen de toda esta gama de productos quienes convierten a los campesinos en consumidores de alimentos chatarra. Caminando por el recientemente electrificado centro poblado, no hay un espacio de terreno libre de botellas de gaseosas, latas de leche, envolturas plásticas. Son impresiones visuales que podrían ser motivo de reflexión y de toma de decisiones sobre cómo ganar autonomía en las decisiones sobre la producción y el consumo de la comida y desencadenar procesos desde abajo y de adentro de la vida campesina para gozar de mejores opciones alimenticias.

En Queromarca se lleva a cabo el IV. Watunakuy, la visita entre familias, comunidades, pueblos y regiones de los Andes para intercambiar experiencias sobre la crianza de la chacra, cuidado de los animales, la farmacopea andina, el buen vivir. El programa de dos días comenzó con más de 500 personas participando en un ritual con mucha devoción y cariño. Las semillas de maíz cobran vigor con el sahumerio del maestro Hipólito y la memoria de cada mujer que conversa sobre las variedades que ha traído. Más adelante, en dos aulas de la escuela se abordaron los temas de la biodiversidad y el cambio climático y las autoridades y el buen gobierno. El ritual inicial y luego la peregrinación en Raqchi con sus canciones, bailes y el sahumerio alienta la memoria a períodos prehispánicos. “Así se ha hecho desde siempre, de los cuatro puntos cardinales traían las semillas para vitalizarlas en el templo de Wirakocha”,dice Martina, mostrando sus semillas y el cariño que les tiene. ¨Este deseo es tan fuerte que lo he soñado. Hablando con otras señoras hemos coincidido que las semillas hay que tratarlas como personas, todas, nosotros, mujeres hombres y semillas recuperaremos nuestros lugares sagrados, como el templo...” Al día siguiente continúa el culto a las semillas con la siembra simbólica que trae una nueva vitalidad al intercambio y la regeneración de semillas.
El Watunakuy, con el ritual y la peregrinación amplifica las voces de las mujeres, jóvenes y adultos sobre los valores de la alimentación que nace con las semillas plenas de vitalidad. Vigoriza y moviliza ideas y prácticas campesinas que contrarrestan la ofensiva de la agroalimentacion industrial. Y con las bellísimas escenas del ritual y la peregrinación en video se pueden organizar sesiones grupales de mutuo aprendizaje que motiven procesos fructíferos de soberanía alimentaria alentando la creatividad cultural de los campesinos y las campesinas.