Desayuno soberano vs enlatados y embolsados en Raqchi

En el campo ya es costumbre desayunar comprando quaker de avena, a tres soles la bolsita en la tienda. No pensamos si será o no alimenticio. Lo preparamos con leche enlatada que cuesta un sol cincuenta el tarro pequeño. A veces le echamos canela y una cucharada de azúcar rubia. Nos hemos acostumbrado a este desayuno desde que recibimos la ayuda contra la desnutrición llamado Programa Vaso de Leche. Cada mes el municipio reparte a las familias empadronadas 2 kilos de harina de soya, cebada malteada, o harina de mail, a veces le añaden quinua, kiwicha y cañihua. Todo viene mezclado y embolsado y también recibimos dos tarros de leche enlatada. No sabemos de dónde, de quien proceden estas harinas ni cómo están procesadas. Por el olor desagradable a veces preferimos dar de comer a los pollos y no a nuestros hijos.

Reflexionando en grupo, estamos recordando que antes tostábamos y molíamos diferentes granos para el desayuno. A veces habas, cebada, trigo tostados y molidos, otras veces combinábamos con quinua, cañihua, kiwicha. Eso es el jaku. No era necesario saborizar ni endulzar. Lo mezclábamos con un mate de yerbas y teníamos un delicioso, sano y natural desayuno que venía de la chacra. Sólo costaba el esfuerzo y nos mantenía enérgicos hasta la merienda.
Estamos viendo que cada día que empezamos comiendo enlatados y embolsados ingerimos y creamos basura. ¿Acaso sabemos qué contienen esos productos? ¿Y que las latas y las bolsas de plástico necesitan cientos de años para descomponerse? ¿Cómo y cuándo cambiaremos de ser dependientes del sistema alimentario industrial a ser soberanos con un desayuno natural que viene de nuestras chacras?